Despierto cada mañana con el deseo de encontraros sonriendo, como la abeja que busca el néctar de una flor para cultivar su miel en el rojizo amanecer.
No hay días sin igual junto a cada bocanada de aire fresco que emana de vuestro espíritu burlón y risueño cantar.
Como un estallido de júbilo y frenesí mi corazón enloquece en cada risa, cada suspiro y cada complicidad dorada como cuál eclipsa un loco carmesí, fruto de la pasión y la aventura de tan enigmáticas estrellas de un universo sin fin.
Allá quedarán los días que en mi camino recuerde, que tan mágico fue el encuentro de tanta ligera alegría en donde dos hadas de un bosque y cuento, me llevaron en volandas por donde no hay días sin pero…
Y así volví a caer en una trampa, en donde la luz me dio de lleno.
