recuerden dar las GRACIAS, por todas las cosas maravillosas que la vida nos regala.
Les invito a despertar las SONRISAS de las personas más desfavorecidas o en riesgo de exclusión, niñas y niños, personas en situación de conflictos armados, en situación de pobreza, en situación de enfermedad o explotación. Construyamos SONRISAS.
Les invito a ser más tolerantes, respetuosos y hacer fácil la convivencia. Les invito a pensar menos y llenar las calles y el mundo en general; de la magia y el poder de sus sonrisas.
Centrándonos en la denominación y dejando de lado el componente filosófico. Si se escribe al final de un escrito o de una división importante del texto, se denomina punto final. No es correcta la denominación punto y final. Ahí está el doble juego del mensaje.
Proviene del latín punctum ‘un punto en el tiempo o en el espacio’, neutro de punctus, participio pasivo de pungere ‘pinchar’, ‘picar’, ‘aguijonear’. De pungere se derivaron en la lengua culta punción, con el sentido de ‘introducir una aguja en un órgano’, y puntada ‘dolor agudo’. El mismo verbo más el prefijo con- dio lugar a compungere ‘atravesar de lado a lado’, que llegó al español como compungir, palabra usada para referirse al dolor de la culpa o a la compasión por el dolor ajeno. Las derivaciones de punctum son casi inagotables: puntería, puntilloso, contrapunto, pespunte, punzón, puntual, etcétera.
Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.