En los últimos años, venimos experimentando una creciente ola de reivindicaciones y cambios que, mujeres y hombres en busca de la equiparación de derechos y libertades están planteando alternativas al denominado machismo.
Entre estas reivindicaciones la lingüística viene trabajándose desde hace años. A los efectos, la promoción de herramientas y continuo análisis para la erradicación del lenguaje sexista está desencadenando el estudio de autores, obras, canciones, textos, etc.. con el objetivo de proponer nuevas alternativas desde el movimiento feminista.
Me llama mucho la atención cómo hay mujeres que han comenzado a asumir e incorporar en su vocabulario, expresiones relativas al estado patriarcal. Expresiones que por tradición han sido expresadas más por hombres que por mujeres. Expresiones como «cojones o huevos» que sustituyen lo habitual.
En esta edición, pretendo incorporar el cambio de roles cómo hombre, buscando ajustar el debate y la reflexión de las expresiones que tradicionalmente son de mujer o de hombre (por cuestión biológica) y traducir un cambio en el sentimiento de identidad. Todas las personas somos en proporciones distintas mujeres y hombres. El objetivo pretende animar a cambiar los roles cómo ejercicio personal e incorporar el trabajo lingüístico a nuestro día a día, con el objetivo de erradicar el lenguaje sexista. En ningún momento pretende animar a cambiar de identidad o promover el cambio de género.
El hecho de acuñar expresiones del otro sexo no impide el desarrollo normalizado de la personalidad y el carácter. Nos dota de sentido, de empatía y amplitud. Nos permitirá trabajar ese lado lingüístico que nos hace parecer menos sensibles con la actualidad de nuestro tiempo. Ánimo.
El trabajo pretende ser respetuoso con cualquier persona o creencia y el lenguaje en general.

Por otro lado, vivimos un tiempo en el que expresiones «presuntamente inofensivas» pueden adquirir una carga negativa o violenta si vienen acuñadas por un hombre o una persona de mayor fuerza hacia otra. Pueden ser expresiones hirientes o generar malos entendidos siendo «estigmatizadas» dependiendo del contexto situacional y pueden provocar alarmas entre personas de distinto sexo.

En cambio, si es una mujer quien acuña la expresión, la escenografía mental de quienes la comparten dicha situación cambia por completo.
Conclusión: Dado el panorama social y el creciente aumento de violencia de género, el trabajo lingüístico tanto personal y colectivo, ayudará a resolver situaciones que está condicionando la realidad, mejorar y favorecer el entendimiento para una igualdad real. Les invito a meditar esta reflexión, a fin de evitar herir la sensibilidad de quienes les escuchan, para generar y aportar mayores beneficios en su día a día y, terminar el día con una agradable sonrisa.